8 de marzo de 2010.
Hace unos días, con tanta noticia acerca de la violencia que estamos viviendo, recordé una película que vi hace tiempo y que está basada en hechos de la vida real.
La película brasileña “Ciudad de Dios”, adaptada de la novela del mismo nombre de Paulo Lins, detalla el vivir de una favela de Río de Janeiro, donde la vida se vuelve una lucha contra la muerte cada día.
La historia es narrada por Buscapé, el hermano menor de uno de los ladrones más buscados, Marreco, quien ve cómo se desarrolla la vida dentro de la favela, pero que siempre ve para él un destino y un sueño diferentes: ser fotógrafo.
Sin embargo, hay un momento en la vida de Buscapé en el que en pos de la búsqueda por su sueño se ve tentado a debutar en la delincuencia con la finalidad de poder comprarse una cámara. Como durante toda su vida ha visto que para conseguir lo que se quiere siempre es más fácil atracar que trabajar, decide armarse y salir en búsqueda de su primera víctima; sin embargo, se dan circunstancias debido a las cuales no logra asaltar a nadie, por lo que conseguirá su cámara por otras circunstancias posteriormente.
Una historia de poder, drogas y corrupción que bien podríamos tomar y adaptar a lo que todos los chihuahuenses estamos viviendo.
Es un relato de cómo se forma la favela brasileña con gente que es enviada a vivir a Ciudad de Dios por el hecho de no tener un hogar. Gente sin recursos y damnificados comienzan a formar lo que a la postre será una de las zonas conurbadas más violentas de Brasil.
La pobreza y la marginación se vuelven el pretexto ideal para comenzar una rutina de violencia, donde los niños crecen admirando a los tres ladrones más afamados de toda la favela.
Cabeleira, Marreco y Alicate son el “Trío Ternura”, los delincuentes más buscados de Ciudad de Dios. Siempre acompañados por un par de pequeños de no más de 8 años, Dadinho y Bené. Juntos comienzan sus andanzas y aventuras por lo amplio de la favela, robando y aprovechándose de cuanta oportunidad tengan enfrente con la finalidad de obtener dinero sin trabajar.
La historia busca mostrar al espectador cómo se vive en un entorno, primero de pobreza y alto nivel de violencia, y posteriormente de opulencia (generada por el tráfico de drogas) y con un alto nivel de violencia. Desde los ojos de Buscapé se puede ver pasar todo un modus vivendi y un sistema económico con el cual se desarrolla la vida dentro de la favela. La violencia a la que están expuestos los habitantes; el crecer de los niños dentro de este entorno; el cómo son iniciados y formados en este ciclo de violencia.
Además, se ve claramente cómo que en la cuestión generacional se van relevando los mandos que son cada vez más sanguinarios y violentos, ya que se aprende cómo para sobrevivir hay que asesinar, y que un enemigo vivo significaría la muerte segura en un futuro no muy lejano.
Se explica cómo dentro de la favela se lleva la organización y jerarquización de la estructura que trafica con la droga. Los niños más pequeños y novatos comienzan como “recaderos”, haciendo mandados y llevando encargos; luego suben a “vigilantes” con un sistema muy simple, donde tienen que mantener un papalote volando; cuando éste baja todos huyen, ya que es la señal de que la Policía ha llegado. El siguiente escalafón en el organigrama es el “vapor”, es decir, quien se encarga de vender la droga a los consumidores. El “soldado” es un puesto de mayor importancia, ya que se encuentra localizado en puntos clave, algo así como un ejecutivo sénior de la droga; si se es listo y aprende a llevar bien las cuentas le será fácil convertirse en el “gerente del local”, quien se vuelve la mano derecha del “jefe”.
Todo esta organización prevalece y perdura por una simple razón: en la punta del iceberg se encuentra el personaje más famoso de la favela, “Zé Pequeño”, o anteriormente llamado Dadinho, aquel pequeño de 8 años que acompaño al “Trío Ternura” en sus múltiples atracos, pero quien con una inteligencia superior a ellos y un sadismo y crueldad aprendidos desde muy pequeño llegó a convertirse en la autoridad máxima dentro de la favela. La manera como llega ahí es un tanto simple, pero no por ello poco elaborada: de crecer como un simple raterillo, a la edad de 18 años decide involucrarse en el tráfico de drogas, así que decide apoderarse del negocio por la fuerza. Como ya contaba con el respeto de la mafia de la favela por ser uno de los delincuentes más reconocidos, al momento que decide ir a matar a cada uno de los jefes de las zonas de Ciudad de Dios para apoderarse de sus negocios nadie tuvo el valor o la locura de enfrentársele, por lo que así, de esa manera, se convirtió en el dueño de toda la favela. Paradójicamente esto trajo la paz y la tranquilidad a Ciudad de Dios.
Una frase de Zé pequeño lo dice cuando cuestiona al otro líder, “Sandro Cenoura”, quien poseía la otra mitad de la favela por el acoso de una banda de niños ladrones llamados los “Raterillos”. “En mi favela nadie roba y nadie viola”. Este hecho nos muestra cómo mientras haya control la misma violencia para el resto de los habitantes puede llegar inclusive a desaparecer, y cómo comienza a surgir un orden dentro del mismo desorden, ya que Ciudad de Dios tenía dueño y éste no permitía que sus habitantes tuvieran problemas.
Hay una escena en la cual la banda de “Zé Pequeño” va y busca a un niño de 10 años, aproximadamente, y lo invitan a unirse; después toman de sorpresa a dos niños de la banda de los “Raterillos” y ponen a prueba al pequeño que los acompañaba para que los mate si quiere unirse a la banda. Un niño asesinando a otro era la forma como comenzaba la vida y el reconocimiento en la favela. Para no platicarles el final e invitarlos a ver esta grandiosa película brasileña, quiero concluir analizando qué es lo que esta película exhibida en 2002 y su novela publicada en 1996 tratan de mostrarnos sobre la vida en Brasil en aquellos años y hacer una semejanza sobre lo que estamos viviendo en nuestro estado en estos días. “Estamos comenzado a acostumbrarnos a la violencia y estamos dejando que nuestros hijos crezcan con ella, y todo ello no desaparecerá hasta que uno de los grupos, hoy en guerra, tenga el control total para que de esa manera los ciudadanos comunes podamos de nuevo recobrar nuestra paz y nuestra tranquilidad. Al igual que en la película, todo esto sucede y sucederá ante la mirada inoperante y corrupta de la autoridad”.
Necesitamos sacar a la sociedad de este ciclo de muerte, venganza, robo y fantochería. Estamos permitiendo que los medios eduquen en la cultura de la violencia a nuestros hijos. Dejamos que periódicos y noticieros muestren a las víctimas tal cual quedan después de haber sido masacradas; dejamos que se cuenten y publiquen historias de asesinos que no tienen el menor sentimiento de culpa en desollar y cocinar vivas a sus víctimas, y dejamos además que se hagan canciones y películas de estos héroes que, sin haber sido nada anteriormente, llegan a dominar toda una estructura delictiva, todo esto bajo la cortina de la libertad de expresión. Ahora pregunto lo siguiente: ¿es en ese entorno donde queremos que crezcan nuestros hijos?, es decir, ¿nos vamos a quedar sin hacer nada? Buscapé decía cuando intentaba robar para comprar su cámara que “no compensa ser honesto”. Entonces, vamos a dejar ese razonamiento en la sociedad.
La cultura de la violencia comienza a prevalecer y formar la vida de nuestros hijos.
¿Cómo va a parar el Gobierno la corrupción que existe en sus filas, que al final del día se convierte en el puente para que delincuentes realicen sus actividades sin problema? ¿Qué es lo que nos van a prometer los candidatos a la gubernatura en sus próximas campañas en torno a este clima? ¿Acaso nos darán alguna solución real? ¿Nos mostrarán cómo podemos salir de esta Ciudad de Dios?
Se lo dejo a usted para que lo piense.
Como siempre, espero sus comentarios en diazdepolitica@gmail.com y sus visitas en www.diazdepolitica.blogspot.com
Jorge Díaz.