8 de marzo de 2010.
Estar empatados es estar parejos; estar en las mismas condiciones; tener las mismas posibilidades; iniciar juntos; contar con los mismos apoyos; llevar los mismos goles, en fin, estar empatados es estar iguales.
Tras profunda disertación filosófica uno de mis ocho lectores (cuatro nacionales y cuatro extranjeros) me pregunta ¿qué diantres te traes ágrafo de “chet”, escriba de pacotilla, tinterillo de segunda?
Yo le contesto: pensaba en voz alta sobre lo que ocurre con la elección a gobernador en Chihuahua; los candidatos del PAN y del PRI están empatados.
Y digo que tanto César Duarte Jáquez, candidato del PRI, como Carlos Borruel Baquera, candidato del PAN, están en estos momentos empatados en el conocimiento que la gente tiene de ambos.
Ambos tienen un número similar de seguidores y un número igual de personas que no los aceptan ni con pomada de la campana.
Y ustedes me preguntarán ¿y tú cómo sabes tanto?
Ejem, ejem, disculpen, pero el que tiene información privilegiada, pues tiene información privilegiada.
En Chihuahua desde hace más de dos décadas la población se ha polarizado entre seguidores del PRI y seguidores del PAN; nadie más tiene la capacidad de llamar tanto la atención de los electores que estos dos signos partidistas: el tricolor y el blanquiazul.
Cada elección esta tendencia a empatar se hace más, y más y más real. Y no miento. Revisen ustedes las últimas elecciones locales: el PRI pierde por menos de 300 votos Chihuahua capital; otros municipios se ganan o se pierden por 5 ó 1 votos.
Ciudad Juárez, a pesar del numeroso padrón electoral que lo representa, no computa más votos en cada proceso electoral que Chihuahua capital. Esto es, Juárez no cuenta porque está empatado.
Lo explico. Si en Ciudad Juárez votan 300 mil a favor del PRI y 300 mil a favor del PAN, pues se anulan, no cuenta. Obvio que brincos dieran los partidos y candidatos porque lograran 300 mil votos en Juárez, ya que la población votante en esa frontera no rebasa el 30 por ciento. Bófonos.
Así que empatados en Juárez, empatados en Chihuahua, y en otros municipios, la tendencia a estar empatados es cada vez mayor, y el peligro para uno y otro candidato es cada vez más elevado.
No importan los millones de pesos gastados en promoción, marketing o propaganda; la movilización se convierte en el arma letal. Quien logre movilizar más votantes, menudo de por medio, despensa o billete verde, será quien gane esta disputa.
El estar empatados obliga a los candidatos y a los partidos a cuidar cada movimiento electoral, cada saludo, cada gesto, cada desplante.
Y bueno, aquí yo adelanto que quien tiene mayor posibilidad de ganar es el candidato que no cometa errores personales en el trato de las personas que más influyen en una elección: los periodistas.
Ante este empate técnico del cual parten Carlos Borruel y César Duarte, quien sume más personas que todos los días hablen bien de ellos será el ganador. Al fin y al cabo estamos empatados, y sólo un esfuerzo extraordinario podrá inclinar la balanza electoral.
Yo como soy balanza electoral esperaré sentado a que el candidato más inteligente determine que quiere ser él el ganador. No hay prisa, estamos empatados.
Sin más, solicitaré un café negro como siempre, con dos cucharadas de azúcar como siempre, tibio como siempre, para no tener que soplarle como siempre, al fin y al cabo la tranquilidad que da un empate técnico bien vale una buena espera y un buen sorbo de café.
Jorge Macías.